Lo hice... 27 años y 22 días después lo hice, el domingo por fin, tiré media docena de bragas.
Hace ya bastante que escribí un post titulado “y con el once titular” (se puede releer aqui). En él me explayaba acerca de esas bragas de segunda división que permanecen al fondo del cajón, avergonzadas de haberse pasado de moda, de haber perdido el color, o de ser demasiado grandes (en raras ocasiones por lo contrario, las bragas crecen y crecen sin importar el tamaño del culo que las comprase, se adaptan y su tela se da de si como cuando coges a un gato por el lomo y tratas de levantarlo). Pues bien, después todos estos años en los que tras todas mis mudanzas he ido haciendo bolsas de ropa interior que le he ido encasquetando a mi madre con el consabido “porsiacaso...”, el domingo me armé de valor, elegí a seis de mis bragas y les di billete. (Para quién se lo pregunte, fueron al cubo amarillo, las consideré un envase al fin y al cabo)
Iban algunas de las que fueron bragas de primerísima división, bragas de pelea, de juerga, de ligue seguro, de “noimportaquesemevean”... de esas bragas que me daba buen rollo ponerme y no sé porqué, cómo, ni de qué manera, pasaron al fondo del cajón. Iban mis bragas de “austin powers” floreadas y coloridas, mi colección tricolor de bragas de pucca y unas bragas que se tornaron celestes después de un pequeño incidente con un polo azul teñido por mi madre en lo que pretendía ser una lavadora de ropa blanca.
Reconozco que al tirarlas algo dentro de mí se preguntó si en algún momento me arrepentiría de lo que estaba haciendo, pero otra parte, la que no tenía ya hueco para las nuevas arrojó la bolsa con un gracejo singular y suspiró.
Es curioso, la gente piensa que son los lugares, las canciones o los olores los únicos que albergan grandes historias y grandes pasiones, pero el domingo, al tirar esa media docena de bragas, recordé cientos de momentos relacionados con ellas, o que ellas vivieron.
Llamarme cursi, pero este post, va dedicado a todos esos recuerdos que albergan nuestras bragas, nuestros calzoncillos y toda la ropa interior de la que en algún momento nos deshicimos momentánea o en este caso, eternamente.
Han muerto media docena de bragas... ¡¡ vivan mis nuevas bragas !!
“¿Cuándo llega el momento de tirar unas bragas?. Las bragas se resisten tanto a jubilarse que en vez de bragas deberían llamarse “fragas”…”Celia Montalbán.
Esto me recuerda aquel post que me hizo reina de las bragas por un día… Rememorando:
y con el once titular...
Esta mañana en la desazón mañanera del madrugón, al terminar de ducharme y proceder al enfundado de bragas he pensado:- ¡si!, las bragas que me gustan… hoy voy a tener suerte…Varias horas después, ya en el `Jupi´ frente al café he empezado a teorizar acerca este pensamiento.Ninguna me puede negar que tiene bragas favoritas, esas con las que se esta muy cómoda, son ideales, estéticamente bonitas, escandalosas o similar… lo cual me ha llevado a pensar en ese `otro tipo´ de ropa interior que todas tenemos y podríamos denominar de segunda división, que siempre está al fondo del cajón y que sólo juega en primera por dos motivos:
a) hemos hecho pereza, somos unas perras, no hemos puesto la lavadora y no queda mas remedio que utilizarlas o ir a lo comando un día entero…
b) tenemos la regla y son las únicas donde podemos meter nuestra hinchada tripa, la compresa ultra absorbente noche con alas de boeing 747 y que para dormir nos hacen servicio…En el primer caso siempre pienso en esa frase de madre que dice: ”anda, que como te pase algo y te vean con esas bragas”… con el tiempo he descubierto que la vergüenza en ese caso sólo sería superada por el tamaño de las mismas…En el segundo caso sólo me queda el consuelo de que en pareja esos momentos son suplidos por ”el hoy por ti, mañana por mi”…
Pero en cualquier caso la pregunta es: ¿qué tipo de fuerza sobrenatural nos hace incapaces de coger todas esas bragas, tirarlas a la basura y comprar otras que siempre jueguen en primera y con las que no nos de vergüenza asistir a reuniones sociales?...Lo cual me lleva a otra cuestión… si superásemos esa fuerza ¿de qué color sería el cubo de basura dónde tendríamos que tirarlas?
Se sentó a la mesa y comenzó a bendecir… Que dios bendiga las aspas de los molinos que me hacen sentir que vuelvo a casa, que bendiga mis recuerdos y el olor del ascensor. Que dios bendiga el nesquik en la cena, los mensajes de las doce y las veces que no llueve a gusto de todos ni bastante. Que dios bendiga al cartero, al estanco que abre los domingos y a la calle desidia. Que dios bendiga los cigarros de después, la luz roja que aparece a la hora de dormir y desaparece cuando me duermo. Que dios bendiga este sándwich de jamón york, y que dios me perdone no terminármelo. Que dios perdone a los bichos que salen de la puerta del armario si me la dejo abierta, a las heridas que no se cierran y a las ironías. Pero sobre todo, que dios perdone a coco por enseñarme a decir hola y a mi madre por no dejármelo ver cuando enseñó a decir adiós.
"escribo porque asi todo el mundo sabe lo que pienso pero nadie entiende lo que siento.
El verdadero abismo de las palabras se esconde tras los ojos que me leen..."(Violeta)
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